Archivos Mensuales: diciembre 2015

Rechazo lleva a rechazo… Amor lleva a Amor

Considero vital la aceptación del cuerpo y lo que este representa.
El rechazo en cualquiera de sus formas genera una sobrecarga de energía que requiere en muchas ocasiones descargarse a través de una enfermedad, esperando con esto que nos volteemos a ver. Es decir la parte que se afecta generalmente representa un aspecto de nosotros que requiere ser atendido, aceptado, cuidado, aprovechado y amado.
Aprendimos a rechazar tal vez porque nos dieron el ejemplo de hacerlo con frases como: “este cochino cuerpo nada más me causa dolor”, “Con estas nalgas nadie me va a querer” “Por que no fui delgada” “Odio mis brazos” También es posible que viéramos como nuestras figuras de autoridad se descuidaban, incluso también es probable que por alguna experiencia, aprendiéramos que el cuerpo provoca conflictos: “Mírate nada mas, con ese cuerpo solo haces que los hombres te falten al respeto” “Para que estas tan buena” “Eres tan torpe que haces que toda la familia se atrase”.

 

Otro punto importantísimo a reflexionar es que cuando rechazamos al cuerpo, en realidad estamos rechazando a algo mas profundo de nosotros, ya que en el cuerpo están contenidas memorias, deseos, programaciones, heridas, miedos y es muy probable que lo que rechacemos a lo mejor sea el recuerdo de un abuso, o al enojo no expresado, a las ganas de mostrarnos, a la vulnerabilidad que en algún momento pensamos que nos dañó, a recuerdos dolorosos, a las quejas sobre ser quienes somos, etc.

 

Tantas enfermedades a tan tempranas edades, me hace pensar que nuestros cuerpos están manifestando cada vez mas que por favor dejemos de exigirles que se vean de tal o cual forma para agradar o encajar, que dejemos de condicionar el amor a un determinado estilo, que dejemos de forzarlo a “comer lo que se debe”, a matarlo de hambre o a llenarlo de comida que no necesita, que dejemos de dañarlo con ropas apretadas y zapatos incómodos, que dejemos de operarlo, tatuarlo, inyectarlo, torturarlo con masajes reductivos, atacándolo con alcohol para sedarlo en lugar de enfrentar lo que nos toca, juzgándolo por no verse igual al de una revista, privándolo de descanso, de caricias, de aire fresco…

 

Creo que nuestros cuerpos nos están gritando que dejemos el rencor, que acepemos la circunstancias de la vida, que dejemos de pretender ser lo que no somos, que dejemos de aparentar, que nos mostremos sin temor, que dejemos de controlar, que dejemos de juzgar, que vivamos con menos cosas y disfrutemos con mas ganas, que bajemos las exigencias, que amemos las diferencias.

 

Yo hoy decido dejar de exigirle a mi cuerpo que cambie para comenzar a tomarlo, apreciarlo, cuidarlo y apapacharlo como el gran regalo, maestro, compañero, guerrero y perfecto que es.

De Luz y de Sombra

Procuro todas las mañanas ir a caminar a uno de los pocos bosques que quedan en la Ciudad de México.  Antes me desesperaba mucho porque yo quería correr, sin embargo dado una condición médica, no puedo hacerlo así es que venciendo mi inercia de hacer las cosas rápido y confrontando una fuerte creencia que me gritaba: ¡SI NO CORRES NO SIRVE DE NADA! , comencé a encontrar  en el simple hecho de caminar un enorme placer.  Aprovecho para poner en práctica varios de los conceptos que predico y uno de ellos es el de habitarme e ir haciendo presencia durante mi caminata. Uno de los tramos que recorro, incluye una pendiente bastante pronunciada y las primeras veces que emprendí  la subida acababa sin aire, agotada y todo el trayecto iba peleándome con la incomodidad que experimentaba, sumado a el terror que ejercía mi mente sobre mi con la cantidad de barbaridades  que me decía. Hasta que un día probé ir describiendo cada cosa que le ocurría a mi cuerpo durante el proceso: Mi pierna izquierda comienza a endurecerse,  mi espalda baja se siente presionada, mi cuello esta tenso, el estómago se está apretando, mi pie derecho se siente pesado, el izquierdo comienza a sentir mucha presión, mi respiración se está agitando, el pecho se infla… ¡Y pasa algo maravilloso! ¡Mi cuerpo comienza a funcionar mejor y más relajado, es como si el hecho de sentirse acompañado, no juzgado y comprendido le inyecte fuerza! Cuando menos pienso, ya estoy hasta arriba. ¡Mi cuerpo colabora si yo colaboro!
Esto es lo mismo que invito a las participantes de mis talleres a hacer constantemente, a observarse sin juicios, solo observando lo que ya ocurre, no lo que debiera o no ocurrir.

 

Gastamos una cantidad enorme de energía intentando que las cosas que ya están ocurriendo o que ya ocurrieron sean diferentes a lo que ya son.

 

Escuchamos la mayoría frases como: “Si tan solo fueras más… inteligente, alta, guapo, simpático, emprendedor”,  “¿Por qué no eres como tu hermana?”,  “No seas tan llorona”, “Tu siempre con tus sentimentalismos”, “Esa forma tuya de ser no te va a ayudar en la vida”, “Debes ser más fuerte”, etc., etc., etc.

 

¿El mensaje? ¡Ser como eres no está bien! Esa es una de las grandes razones por las cuáles intentamos a como dé lugar cambiar. La primera opción que se nos viene y que el medio claramente refuerza es la de cambiar el exterior.  Después y si nos da la iluminación, intentamos cambiar lo de adentro.

 

Yo te invito más bien a transformar, es decir a darte cuenta de lo que hay y desde esa base, potencializarlo, aprovecharlo, minimizarlo o lo que resulte más conveniente para ti.
Cuando hay sombras en nuestra vida es porque hay una fuente de luz que al encontrarse con un objeto (llámese persona, animal o cosa) e iluminarlo desde alguno de sus lados,  causa ese efecto. Ocurre cuando la fuente de luz ilumina una parte lo cual provoca una sombra en otra de las partes

 

¿Cuál es la única situación en la que la Luz del sol no provoca sombras? Cuando está en su punto más alto y sus rayos caen derechito sobre algo o alguien. No de lado, no únicamente  iluminando una parte, si no el todo. Como cuando por ejemplo nos colocamos justo debajo de un foco.

 

¿Sabes cuando ocurre este fenómeno sobre nosotros?  Cuando nos quedamos en nuestro centro, aceptamos lo que ocurre y contactamos con esa LUZ que da la presencia, con esa paz de simplemente aceptar, cuando nos alineamos con todo lo que somos, sin que queden partes sin iluminar ni sombras que negar.  Cuando dejamos de huir, de criticar, de justificar y de juzgar.

 

Cuando eso ocurre, aun por fracciones de segundo, todo nuestro ser se ilumina y nos impregnamos de una fuerza a veces indescriptible. Son esos momentos que nos quitan el aliento, como cuando la belleza de un atardecer no necesita explicarse y solo nos regala lo que ES.
Sé que es más sencillo narrarlo que lograrlo, sin embargo te invito a que lo pruebes; en este momento que me estás leyendo haz una pausa para simplemente SER, sin pensar, sin pretender, sin moverte, solo conecta con lo que ocurre y realiza qué es lo que ocurre ahorita es lo único que puede estar ocurriendo, ya que de lo contrario no sería así. Siente la paz de no tener que sentir nada diferente a lo que estás sintiendo, ni pensar nada diferente a lo que estás siendo, ni ser nadie diferente a quien eres.

 

Inhala profundo y exhala HABITANDOTE, con todas tus luces, tus sombras, desnudándote ante la honestidad del momento, esa honestidad y de cierto modo, esa desfachatez con que la vida nos dice; ¡AQUÍ ESTOY, ESTES LISTO O NO!

¿Dónde Comienza la Paz?

Basta con encender la televisión o el radio, dar un click, leer los encabezados en los periódicos, escuchar las conversaciones en salas de negocios, restaurantes, salas de espera, transporte público, etc.,  para enterarnos de  las guerras, el terrorismo, los enfrentamientos entre personas, grupos,  estados, gobiernos, regiones, países, bloques…

Conflictos que se generan por la avaricia, el egoísmo, la indiferencia, el poder y el hecho de que cada quien ve por sus propios intereses, en lugar de unir esfuerzos y ver por el bien común.

A los gobernantes le importan poco sus gobernados, a los choferes de camiones les da igual si con su forma de manejar arriesgan la vida de quienes viajan en ellos, a Don Juan le tiene sin cuidado lavar su coche dos veces al día con la manguera y desperdiciar el agua, Doña Cecilia se estaciona en segunda fila indiferente al tráfico que causa y así…  la lista se puede volver interminable.

Te has puesto a reflexionar que lo que ocurre en nuestro mundo externo es un reflejo de lo que acontece en nuestro mundo interno?…

Sólo haz conciencia de cuántas veces:

Tu boca con tal de satisfacer su deseo de llenarse de ciertos sabores, ignora las necesidades del estómago.

El deseo sexual  explota sin preguntarle al corazón cuánto hay en juego.

La deshonestidad  le tapa los ojos a  la verdad.

La desidia encierra a la voluntad y esconde las llaves.

La flojera se apodera del cuerpo sin importarle cuánto bienestar le quita al no hacer ejercicio.

La inconsciencia le bloquea el camino a la iluminación.

Solemos negar las partes de nosotros que no nos gustan, en lugar de revisarlas y transformarlas, iniciamos guerras con nosotros mismos, nos herimos, nos atacamos, traicionamos nuestros sueños y deseos,  nos juzgamos y dejamos de ver las verdaderas razones de nuestros comportamientos, arrasamos con nuestras propias defensas, mandamos dobles mensajes  capaces de generar malentendidos, posturas encontradas y terribles malos entendidos.

¿Te hace sentido? Bueno pues…
¿De qué forma podemos comenzar a regresar a la Unidad?

  • Con diálogos sinceros.
  • Con empatía.
  • Integrando todas nuestras partes, abrazando cada situación, entendiendo que cada cosa que ocurre nos da pistas en el camino a la liberación.
  • Buscando equilibrios y  acuerdos.
  • Reconciliando nuestras diferencias.
  • Poniéndole  atención  a nuestras necesidades reales.
  • Encontrando puntos de encuentro.
  • Fijando objetivos claros.
  • Entendiendo que si caminamos juntos y nos ayudamos, llegaremos más rápido a nuestros objetivos.
  • Reconociendo las ventajas y desventajas para poder potencializar nuestros recursos.

Hacer las paces con nosotros mismos es una gran manera de contribuir a la Paz de nuestro planeta.

Me aterra ser Delgada

¿DÓNDE COMENZÓ TODO?

Si le pregunto a cualquier ser que presuma de persona, especialmente mujer en este planeta, si le da miedo estar delgada o tener el cuerpo de sus sueños, seguramente me va a ver con ojos de:
Esta vieja está loca, por favor enciérrenla”

 

Pero la realidad es que aunque nos parezca disparatado, ser delgada puede encender en nosotros, botones de pánico, ya que pueden estar sembradas en nuestro interior memorias sumamente amenazadoras y dolorosas. Estos temores pueden ser los causantes de que no logremos nuestros objetivos o de  que una vez alcanzados, regresemos corriendo a nuestros conocidos kilos.

VAMOS A DESNUDAR ALGUNOS DE ESOS TEMORES:

 

– El miedo a ser vista:
Los kilos pueden ser  un perfecto escondite para no ser “atractiva”. Nos dan la posibilidad de pasar bastante desapercibidos, por lo menos en el terreno sentimental y sexual.

 

– El miedo a ser vulnerable:

Hay una fantasía inconsciente de que ser delgada es igual a volver a ser niña (o). Y esa fantasía puede desatar mucha ansiedad, si tomamos en cuenta que para la mayoría, nuestros principales temores quedaron sembrados a edades tempranas.

 

– El miedo a que aun siendo delgada, no se cumpla mi fantasía de ser amada como yo quiero:

Tenemos la fantasía de que ser delgadas es igual a ser amadas y que nuestro príncipe vendrá nos rescatará y nosotras ligeras volaremos entre sus brazos y ¡Oh decepción!  Cuando a pesar de parecer Cenicienta, no revive mi madre para decirme cuanto me ama y mi madrastra sigue odiándome…

 

– El miedo a defraudar:

Cuando logramos adelgazar y la gente a nuestro alrededor, nos hace ver lo maravillosas que nos vemos, se genera un gran miedo a defraudar a toda esa gente. Además de la enorme presión, se disparan las memorias de no aprobación que hemos recibido a lo largo de nuestra vida y una gran fuerza puede aparecer rebelándose y haciéndonos regresar a ponernos nuestros antiguos kilos encima.

 

– El miedo a seguir sufriendo:

Muchas personas encuentran complicado manejar la realidad de que aun siendo delgados, sigue habiendo dolor en sus vidas.

 

– El miedo y el dolor de que esa “gorda” espantosa que quedó atrás también era YO:

Cuando estamos convencidas de que estar gorda es el peor castigo que hemos recibido, no es de extrañar que si adelgazamos y nos quitamos esa “maldición”, quede en nosotros la sensación de que mientras teníamos más peso éramos malas, inadecuadas, indeseables, etc. Pero la novedad es que  los kilos no se llevan nuestra memoria, ni nuestros órganos y sobre todo: No se llevan nuestros  sentimientos. Y una parte de nosotros se “duele” al escuchar lo mal que hablamos acerca de esa “gorda” que en realidad somos nosotras mismas.
– El miedo a no ser tomada en serio:

Muchas  personas reportan que aparecen muchos sentimientos encontrados porque en su percepción, las personas delgadas y con buenos cuerpos, son vacías y poco serias. Así es que cuando adelgazan y reciben algún halago, sienten que traicionan a esa parte “intelectual, madura y seria” que tanto trabajo les ha costado lograr.

 

– Que si adelgazas no serás capaz de ser fiel o de quedarte en una relación que ya no te satisface.
– El miedo a no ser víctima:
Si ya no hay sufrimiento… ya no hay pretexto!
Hay una gran toma de responsabilidad.

 

– El miedo a tener que vivir siendo “perfectas”
¿CÓMO LOGRAR HACER FRENTE A ESTOS MIEDOS?
– Aceptando y aprendiendo a amar a la que soy hoy.
– Reconociendo que ya somos perfectas.
– Asimilando que cada etapa de nuestra vida, nos brinda las herramientas que necesitamos, entre ellas, el peso.

– Haciendo fantasías guiadas para visitar a nuestra “delgada” y  así  revisar que sensaciones vienen; esto nos va a dar muchas pistas (yo cuando me imagino muy delgada siento que me “rompo”).

– Trabajando mucho en que hoy como adultos tenemos la capacidad de tomar la responsabilidad de nuestra vida y nuestras decisiones.

– Recordarnos que podemos defendernos y decir que no a una relación o rechazar una invitación aun cuando seamos delgadas.

– Recuperando la sensación de que nuestra esencia se mantiene intacta pesando los kilos que pesemos.

– Llevar un proceso integral dándole prioridad al manejo de emociones.

ES HORA DE HONRAR AL CUERPO

Cada cabeza es un mundo y cada cuerpo es la guarida de ese mundo.  Cada uno de nosotros tiene ideas únicas acerca de la vida, del amor, de la paz, las relaciones y entre muchos otros temas y conceptos: del cuerpo.  Para algunos es un adorno, para otros un martirio, para otros más un templo, para muchos un estorbo, a algunas personas les causa mucho dolor, para otras es su vehículo de trabajo, motivo de orgullo, cárcel, reto, etc.
Lo que sí es un hecho es que el cuerpo es parte de nosotros por lo menos en este plano, de algún modo se funde con nuestra esencia y nos permite navegar por las mareas de la vida.
¿Qué sería de nuestras ganas de hablar, comer o besar si no hubiera una boca?
¿Qué sería de nuestras ganas de mirar si no hubiera unos ojos?
¿Qué sería de nuestras ganas de caminar si no hubiera unas piernas o unos pies?
¿Qué sería de los olores si no hubiera una nariz que los percibiera?
¿Qué sería de las ganas de vivir si no hubiera un cuerpo que recibiera a la vida?
¿No crees que sea tiempo de comenzar a honrar a nuestro cuerpo?

 

Te quiero compartir algunas sugerencias para dar pasos concretos:
1. Reconoce el derecho de tu cuerpo a ser alimentado, a ser cuidado, a estar cómodo, a ser diferente.
2. Usa ropa que te quede cómoda, incluyendo tu ropa interior.
3. No te compares con el cuerpo de nadie más, nunca sabes qué  historia tenga ese cuerpo que tu admiras, además al hacerlo te mandas el mensaje de que no eres suficiente.
4. Cuida mucho lo que dices de tu cuerpo, él lo escucha.

5. Dignifica a tu cuerpo, defiéndelo de cualquier ataque, incluyendo los tuyos.
6. Haz cosas hermosas y placenteras como: darte un masaje, untarte una crema rica, darte un buen baño de tina, limarte las uñas, hacerte pedicure, cepillarte el cabello, etc.
7. Ponte en movimiento, busca la actividad que te resulte placentera y que te permita conectar con tu cuerpo de una manera íntima y amorosa.

8. Recuérdale todos los días lo importante que es y agradécele por todo lo que hace por ti.

 

GRACIAS POR LEERME, TE RECUERDO QUE ESTAN ABIERTOS LOS DIPLOMADOS “COMIENDOME MIS EMOCIONES” EN DONDE PODRAS RECONCILIARTE CON TU CUERPO DE UNA MANERA AMOROSA Y RESPONSABLE.

SOY YO CON O SIN

En el marco de aprendizaje que hemos tenido, no pocos somos los que creemos ciegamente que valemos por los kilos que perdemos, por lo acinturadas que estamos, por lo bien cuidado que tenemos el cabello, por lo altos, exitosos, fuertes o poderosos que seamos.
Esto hace que pongamos demasiada atención en atender estos aspectos con la esperanza de que si los mantenemos controlados y perfectos, no tendremos que modificar el  interior, es más a veces ni tomamos conciencia de que hay cuestiones que trabajar que no sean las obvias.
Y ocurre que al poner nuestra valía y nuestra estructura en lo aparente, material, externo, cuando algo de esto se altera o falta, nos desmoronamos.
Un ejemplo muy claro me lo compartió una gran amiga cuando impartimos juntas un taller de manejo de estrés en el que nos hizo notar que cuando cayeron las torres gemelas de Nueva York, aun cuando todas las personas presenciamos el mismo evento, la reacción de cada persona fue distinta, especialmente para quienes lo presenciaron en vivo ocurrieron varias cosas diferentes: hubo quienes sin tener conocimientos médicos, salvaron vidas y curaron heridas, también quienes se mantuvieron alerta y resolviendo, otros quedaron literalmente paralizados, otros se quitaron la vida, muchos más perdieron la razón.
Uno de los factores que marcaron sus reacciones fue el nivel de estructura interna de cada uno; quienes la tenían fincada en el exterior, fueron quienes se desmoronaron al ver que esa gran estructura simbolizada por las torres se desplomaba. Por el contrario, quienes contaban con la suficiente construcción interna, no es que no les impactara el hecho, si no que encontraron elementos en su interior  para re-armarse.
Uno de los miedos ocultos que he encontrado común entre las personas que tengo la oportunidad de acompañar en el proceso de re-conectarse a través de su relación con la comida es el que aparece cuando hay una creencia profunda de que serán personas diferentes cuando bajen de peso; cuando revisamos sus fantasías acerca de ser delgada, muchas se encuentran a sí mismas, soberbias, incapaces de saberse detener ante sus impulsos sexuales, desbordadas, carentes de sensibilidad, etc. Es como si tuvieran que despedirse de los aspectos de su personalidad que se desarrollaron mientras se mantuvieron con sobrepeso. Es curioso que en éste estado se encuentran con que son más compasivas, empáticas, contenidas, serenas y prudentes. ¿Esto a que nos lleva? A que sea en muchas ocasiones aterrador estar delgadas porque inconscientemente  sienten que van a perder una parte importante de ellas.
Como todos esos miedos y percepciones son meras creencias y fantasías, la forma de retomarlas y re dirigirlas es reforzar la parte de nosotros que es nuestra “columna vertebral”, nuestro Yo real, eso que somos más allá del peso, del dinero, de nuestras relaciones, empleo, color, etc.
Curiosamente no es común que estemos en contacto con lo que en verdad somos porque aprendimos a: ser en relación a lo que se espera de nosotros, lo que pensamos que se espera de nosotros,  lo que nos han dicho que debemos  esperar de nosotros, lo que es aceptado, lo que nos da pertenencia, lo que “está bien”, o también nos encontramos poniéndonos máscaras para evitar ser lastimados.

 

LO HECHO, HECHO ESTÁ Y ES HORA
DE PONER MANOS A LA OBRA PARA RETOMARNOS A NOSOTROS MISMOS. ¿EMPEZAMOS?

 

El primer paso es que escribas en una hoja lo que te define como persona y que no cambia con las circunstancias.
Por ejemplo: mujer, con amplia experiencia en cuidado del hogar o en el área de relaciones públicas, administración de personal con gran habilidad para implementar nuevas ideas, con capacidad de ayudar en circunstancias de crisis, con conocimientos en plantas, medicinas, desarrollo humano, con tendencia nata a hacer amigos, solucionar problemas, apoyar  pacientemente a quienes amo, con un amplio sentido de responsabilidad, guerrera que ha logrado mantener unido mi hogar a pesar de las carencias, segunda hija de mis padres,  hermana de un hombre y dos mujeres,  amiga fiel, divertida, confiable, con miedo al compromiso, en busca de vivencias que me ayuden a descubrirme, con un camino recorrido en el terreno espiritual…
Si haces esta descripción, te darás cuenta de eso que ya eres, que ya sabes, que ya tienes y a medida que lo asimiles y lo fortalezcas, irás creando una estructura mucho más firme en la cual apoyarte y la idea es que hagas conciencia de que aunque la vida te columpie de un lado a otro, tendrás un pilar súper firme que te sostenga y así ir derrumbando las creencias que te hablan al oído diciéndote: Cuando adelgaces serás mejor persona, cuando tengas novio serás plena, cuando te quede el vestido talla 5, serás más segura de ti misma o por el contrario aquellas otras que aseguran; si adelgazas te convertirás en una cualquiera sin control, no sabrás como parar las aproximaciones sexuales, abandonarás a tus padres, serás infiel a tu marido, etc.
Ser plena, segura de ti misma, sensible, capaz de poner límites, asertiva, fiel, buena amiga, hija responsable, no es cuestión de peso, ni de dinero, sino de decisión y de acción.
A medida que definas tus propios valores, deseos, fortalezas, debilidades y alcances, te darás cuenta que  pase lo que pase eso no se pierde y créeme que comprenderlo así genera una deliciosa sensación de bienestar y seguridad porque te darás cuenta que mucho por lo que “luchas” ¡¡¡ya lo tienes!!! Y entonces en lugar de gastar esa energía en tu lucha, la puedes utilizar para alcanzar tus metas partiendo de bases mucho más firmes.

 

Cada vez que te escuches diciéndote que no quieres ir a una fiesta o a algún lado porque estás “gorda” y nada te queda bien, recuerda qué es lo verdaderamente importante de ti y  de la reunión a la que vas a ir. Aunque para ti sea el cómo te veas, si haces un análisis más objetivo, podrás entender que lo que en realidad  vale son las pláticas, las risas, tu dulzura,  tu presencia,  los momentos vividos, etc., y que eso que tú eres, que aportas, que sabes y que has experimentado, escuchado, hablado, visto, bailado y cantado no te lo quita nadie… ¡Ni los kilos!

¿Mi alma engorda?

El cuerpo es el reflejo de lo que ocurre a otros niveles de conciencia, como el nivel mental, emocional y espiritual.

 

Cuando hablo de que el alma engorda, me refiero a que antes de manifestarse como kilos en una báscula, se creó el sobrepeso a nivel creencia, a nivel emoción.

 

¿Cómo es esto?

Dice Louise Borbeau en su libro obedece a tu cuerpo sugiere que las enfermedades, se manifiestan cuando la persona llega a su límite físico.

Dice que cada persona tenemos un límite de energía física, emocional
y mental diferente, Cito: Según el número de veces que la persona haya vivido el mismo dolor interior y según su reserva de energía, se determinara el momento en que llegara a su  límite, mismo que antes alcanza los limites emocional y mental.
Para nadie es novedad que la causa básica del aumento de peso a nivel simple es consumir mayor cantidad de energía (a través de los alimentos) de la que utilizamos.
Sin embargo este balance se rompe no solo a nivel físico de comida,
se rompe cuando por alguna razón comenzamos a aceptar más dolor
del que podemos digerir, o más cansancio, o más negación o más rebeldía.
Al igual que se contaminan los mares, contaminamos nuestro mar interior, así como hay ciertos alimentos que le caen mal al cuerpo,
hay muchos que le caen mal al espíritu. Por ejemplo:

  • Le caen pesadas las frases como:
    • Yo no puedo
    • Yo no merezco
    • Esto es demasiado para mi
  • Las comparaciones la dejan baja en defensas.
  • La exposición a ambientes hostiles al igual que la agresión
    verbal hacia nosotros o hacia los demás la irrita.
  • Los sentimientos no manejados u ocultos  la indigesta.
  • El miedo excesivo y las actitudes de constante defensa son
    muy grasosas para ella.
  • La violencia activa o pasiva dañan su sistema inmunológico.
  • El apego la estriñe.
  • El exceso de critica le causa migraña.
  • Los sentimientos no reconocidos le causan diarrea
    porque no los digiere.
  • La falta de dulzura le da diabetes.
  • La falta de propósito le da parálisis.
  • La baja ingesta de retos, proyectos y acciones le causa anemia.

 

¿Que si la nutre?

  • Frases como:
    • Yo puedo
    • Yo merezco
    • Si no puedo hacerme cargo, pido ayuda
  • La aceptación del todo tal como es
  • El sentido de vida
  • Cumplir lo prometido
  • La ayuda a los demás
  • El reconocimiento de logros
  • La honestidad propia y hacia los demás
  • La paciencia
  • La paz de conciencia
  • Los paisajes lindos
  • La música suave
  • Las pláticas profundas
  • Las relaciones respetuosas

Si quieres conocer más de lo que escribo  y de los Talleres que imparto te invito a visitar www.adrianaesteva.com, y a seguirme  @adriesteva  FB: Adri Esteva.

¿Qué prefieres Tú? ¿Dar o Recibir?

A la mayoría de nosotros se nos enseña desde pequeños a dar, es muy común que las mamás, los papás, los maestros, etc., dejen salir frases como: “Mijito, dale de tus dulces a tu amiguito”, “Dale un beso grande a la abuela” , “Si te portas bien le darás una enorme satisfacción a tus papás”, “Dale a tu marido la enorme alegría de ser padre”, “Dame la dicha de ser abuela”… Y así vamos aprendiendo que dar es algo bueno que pone contentas a las personas y que claro, también nos da satisfacción a nosotros. Rara vez nos dicen: “Recibe los halagos que te hacen”, “Acepta y reconoce tus cualidades”…

 

Nos han enseñado que el Dar debe ser incondicional, sin embargo, por más iluminados, humildes y bondadosos que seamos, es muy difícil que no esperemos algo a cambio; esa ganancia puede ser desde la satisfacción de ver a la otra persona feliz, o llenarnos el alma con una buena acción.

 

¿PERO QUÉ OTRAS GANANCIAS NOS OTORGA EL DAR?
  • El Dar nos mantiene de cierta manera “en control”, damos lo que queremos dar, a quien se lo queremos dar y en el momento que nosotros lo decidimos.
  • Es común creer que el dar es la llave para recibir  exactamente de la misma manera en que nosotros damos. Creemos que está en nuestro poder la reacción del otro .
  • Dar también nos permite “ser buenos”, “Expiar culpas” y “Ganarnos el Cielo”, estás son programaciones sumamente arraigadas en muchos de nosotros.
  • El Dar nos pone en situación de ventaja ante el otro. “Yo ya te di, ahora me tienes que …… (hacer caso, tratarme bien, quedarte conmigo, hacerme favores) Este es el favorito de las madres sumisas.
¿QUÉ OCURRE CON EL ACTO DE RECIBIR?

Al preguntar qué preferían, si dar o recibir y por qué, la mayoría de las personas contestaron que dar y hubo tendencias importantes en el tema de recibir, por ejemplo:
“Cuando recibo me da pena, incluso podría decir que me siento chiquita como si no lo mereciera”
“Yo nunca he sabido recibir, me cuesta mucho trabajo, me hace sentir mal en el sentido de que a veces no he tenido la oportunidad de responderles como yo quisiera”
“Me cuesta recibir, siento o no merecer o siento que me comprometo a devolver eso que me dan”
“Aprendí que no soy  digna de recibir cosas buenas  y que para que me quieran hay que dar y darse con actos humillantes”
“Me enseñaron que recibir compromete”
“Cuando alguien me da me pone en deuda y eso me asusta”
Recibir es un acto  que tiene que ver con el valor que tenemos de nosotros mismos,  aprendimos algunos por la buena y otros por la no tan buena, que para recibir hay que dar mucho, así es no es de  extrañarse que muchas personas mejor han aprendido a no necesitar para evitarse el costo de dar para poder recibir.

De alguna manera siempre hacemos intercambios, damos y recibimos constantemente, pero..

 

¿QUÉ IMPLICA RECIBIR?
  • Recibir implica soltar el control, ya que por más que  así lo quisiéramos  y lo planeemos, lo que llega a nosotros,  tiene la libertad de llegar como quiera y cuando quiera y en la cantidad que quiera. No es lineal,  yo puedo aparentemente dar poco porque ese es el valor que le pongo a lo que hago y en realidad a otra persona le puede parecer  justo lo que necesitaba o incluso excesivo. O al contrario, puedo según yo estar dando todo y como ese todo no es lo que necesita el otro, para ese otro lo que yo doy  puede ser  poco.
  • Recibir nos pone vulnerables, porque como explicaba, no tenemos el control de cuanto vamos a recibir.
  • Recibir para muchos significa comprometerse con quien le da, sea una persona, la vida o Dios.“ ¿Y ahora que me va a pedir?”
  • Recibir puede implicar culpa ya que podemos sentir que es demasiado y  hay tanta gente sufriendo….
  • Recibir implica tener la humildad de aceptar.
RECIBIR ES DARLE AL OTRO LA OPORTUNIDAD DE DAR

 

Ahora, también existen los casos de quienes solo reciben y no dan, y eso los pone también en desequilibrio, ya que al dar obtenemos mucho más de lo que pensamos.
Esto no quiere decir de ninguna manera que Dar no sea hermoso, de hecho pienso que es una de las grandes cualidades que tenemos y una de las maneras de afinar y equilibrar nuestra vida,  sin embargo, se nos olvida frecuentemente que saber dar también requiere que sepamos recibir, si no, en algún momento ya  no tendremos que dar.
En la comida como en la vida, el bienestar ocurre cuando estamos en equilibrio.
Si quieres conocer más de lo que escribo  y de los Talleres que imparto te invito a visitar www.adrianaesteva.com, y a seguirme  @adriesteva  FB: Adri Esteva.

UNA FORMA DE TOMAR A LA MALA, LO QUE NO NOS PERMITIMOS DARNOS POR LA BUENA

El atracón suele ser uno de los episodios con más sentimientos encontrados al que quienes tenemos una mala relación con la comida nos enfrentamos. Son estos momentos en que la fuerza de voluntad parece haberse perdido en el océano, que nos vemos poseídos por fuerzas demoniacas que nos llevan como autómatas a abrir el refri, la alacena, a vaciar la tiendita, comer una pizza fría, levantar el arroz que se cayó del suelo, combinar la salchicha vieja de hace una semana r con un poco de espagueti duro y mil historias que pocos se atreverían a revelar, ya que por lo general lo hacemos a escondidas. Son episodios de mucha violencia, descontrol, vergüenza, desolación, angustia y pánico.

 

Christopher Fairburn señala que estos episodios tienen ciertas CARACTERÍSTICAS:

  1. Sentimiento de placer en un principio.
  2. Velocidad de la ingesta.
  3. Agitación.
  4. Sensación de conciencia alterada.
  5. Necesidad de mantenerlo oculto.
  6. Pérdida de control.
  7. Sentimientos  de disgusto y desesperación.
¿QUÉ LOS DETONA?
  1. Hacer dieta.
  2. Evitar comer.
  3. Restringir la cantidad de comida ingerida.
  4. Evitar ciertos tipos de comida.
  5. Violar lealtades familiares.
  6. Tocar sentimientos prohibidos.
¿DE QUÉ SON RESULTADO?
  • De un deseo de escapar
  • De Una privación, ya sea:
    • Alimenticia:
      Vivir en restricción.
    • Emocional:
      No permitirme sentir lo que siento.
      No decir algo que quiero decir.
      No hacer algo que quiero hacer.
      No tener algo que quiero tener.

 

Los atracones no solo son de comida, nos damos atracones de irresponsabilidad, cuando nuestro crítico interno no nos permite solar, delegar, confiar. También nos damos atracones de enfermedad cuando no nos permitimos descansar, o atracamos a nuestra pareja cuando no sentimos el suficiente amor por nosotros mismos.

 

Te pongo un ejemplo:

 

Una amiga mía que es perfeccionista y muy controladora, planeó la Primera Comunión de sus hijos ella sola, no permitiendo que se le fuera ni un solo detalle, se sobrecargo de un exceso de control y responsabilidad; tenía planeada la lista de manera perfecta, quién se sentaba con quién, casi casi quién platicaba con quién, cómo entraría la gente, qué jugarían los niños, había decenas de opciones para que NINGUNO se aburriera ni perturbara la Paz que ella había predicho para el evento, los horarios de cada cosa estaban medidos casi con cronómetro, no delegó nada a nadie y se imaginarán que estuvo con el estómago hecho nudo semanas antes, sin dormir, de un genio de la fregada y prácticamente sin medio espacio en su vida para ora cosa que no fuera la fiesta. Llegó el gran día y el destino le jugo una de sus peculiares bromas, y con 60 niños buscando qué hacer, se dio cuenta que había programado a los animadores para el día siguiente. Fue tanta su furia, frustración e impotencia, que literalmente se despidió, se tomó tres tequilas e inconsciente la llevaron a su casa. No disfrutó el evento, ni a sus hijos ni nada.

Se dio un mega atracón de irresponsabilidad, soltó todo, por no haberse permitido  disfrutar más la preparación, pedir ayuda y ser más abierta a ideas…

 

¿QUÉ HACER PARA PREVENIR LOS ATRACONES?
  1. Aprender a confiar en nuestra hambre tanto de comida, como de decisiones, limites, amor, cuidado, etc.
¿QUÉ HACER EN MEDIO DE UN ATRACÓN?
  1. Poner atención al atracón en si.
  2. Dejar de comer solo un momento
  3. Pregúntate si lo que te vas a comer
    de verdad te gusta.
  4. Disfruta.
  5. Como dice Gennen Roth:
    “Si vas a comer del refri, ponte una silla”
  6. Observarte.
  7. Poner a la vista lo que vas a comer.
¿QUÉ HACER DESPUÉS DE UN ATRACÓN?

 

¿Has escuchado la frase:
“Ámame cuando menos lo merezca
porque es cuando más lo necesito”?

 

Pues justamente eso necesitas, toda tu empatía, comprensión y compañía. El atracón es una fuerza que aparentemente nos sobrepasa pero que en realidad es una enorme necesidad nuestra deseando que nos pongamos atención.

  1. No te juzgues.
  2. No te critiques.
  3. No te amenaces con dejar de comer.
  4. Come la próxima vez que tengas hambre.
  5. Escribe lo que ocurrió y los principales.
    sentimientos que surgieron.
  6. Habítate.

Duele más Amar que Comer

¿Te has dicho que no mereces tener a alguien a tu lado porque estás gorda o gordo?

 

¿Estás convencido o convencida de que tus padres te hubieran amado más si hubieras sido más linda, o más delgada o más inteligente?

 

Te comparto esto que salió a la luz durante una sesión del grupo de apoyo que dirijo: “Duele más amar que comer”. Sonia estaba narrando varios episodios de su vida con la comida, cuando uno de ellos la hizo contactar con mucho dolor, y fue el hecho de recordar que  habiendo  sido seriamente  restringida por su madre a comer lo que quería porque por gorda  no lo merecía,  cuando alguien le daba algo de comer, ella sentía que la amaban. Firmemente afirmó: “Si alguien me da comida significa que me quiere” y prefiero recibir el amor de la comida que de las personas porque comer me lastima menos.

 

¡Ufffff! Se hizo un silencio en el salón y Sonia junto con las otras personas que compartían ese día la sesión comenzaron a llorar. Yo no lo hice porque estaba en papel de facilitadora, pero mi corazón se estrujó y la frase resonó en mi cabeza por varios días.

 

¡Claroooooooo! Nos hemos convencido de que si el amor llega a través de la comida, en lugar de hacerlo a través del contacto directo con la persona, se hace un “puente” que protege de sentir la vulnerabilidad que sugiere dejarnos “tocar” por el otro.

 

Amar  puede ser  el acto más “riesgoso” al que se expone el ser humano; amar con toda la conciencia implica salir de nosotros para instalarnos en un espacio que claro que nos genera riesgos, el riesgo de necesitar al otro, de dejar de vernos, de espejearnos tanto en el otro que nos asustemos, significa bajar las defensas y aceptar que la presencia del otro reviva nuestras heridas.

 

Creo que muchas veces elegimos de mil maneras no amar por el miedo al dolor,  renunciamos a tener por el gran miedo a perder.

 

Sonia prefería comerse a la comida que comerse la responsabilidad de verse afectada y afectar la vida de alguien más al atreverse a amar; sobra decir que “culpando” a los kilos de más no ha tenido una pareja estable. Su experiencia de “amar” que se creó, en base a como fue la relación con sus padres,  le hizo creer  que no era suficiente como era y esa misma premisa la ha seguido aplicando en su relación con ella misma y con los demás.

 

Creo que de manera profunda e inconsciente buscamos a como dé lugar pertenecer a los espacios conocidos creados por nuestros padres,  en donde desarrollamos nuestro sentido de identidad. Si el mensaje que recibimos es “para ser igual a ti hago yo conmigo, lo mismo que hiciste tu conmigo”.

 

Te voy a contar una historia. Decidí como reto personal y crecimiento para mi alma, trabajar con personas en situación de calle y vulnerabilidad. Conocí a una pequeña  de 12 años que a mi vista tenía una mirada inocente y a quien yo pensé podría salvarla y sacarla de esa vida tan miserable que incluía drogas, prostitución, frio, hambre, abuso, maltrato, suciedad y mucho más.  Averigüé con personas que sabían de lugares en donde la podían aceptar y me hablaron de la posibilidad de llevarla a un espacio sumamente cuidado y hermoso  en el que tendría la oportunidad de tener una vida con más oportunidades.

 

Cuando se le propuso se negó rotundamente y yo al principio lloré mucho, me enojé e incluso me alejé de ella. Hasta que me abrí a la posibilidad de entender que a ella la abandonó ahí su madre quien también era adicta y vivía en situación de calle… será que para esta pequeña, salir de esa porquería mata en ella la esperanza de que su madre la encuentre si es que regresa a buscarla?  Será que literalmente prefiere vivir embarrada de “mierda” para oler igual que su madre y que si ésta regresa la reconozca?

 

Vivir limpia en un ambiente adecuado, la aleja de lo que conoce como única posibilidad de amor. Este es un ejemplo duro pero que creo ilustra mi postulado de que somos capaces de vivir en la miseria, suciedad y dolor con tal de ser “encontrados” por nuestros padres. Y también me permite  pensar que si no conocemos algo mejor, es difícil que nos arriesguemos a buscarlo y dejar lo que tenemos.

 

El amor se nos ha confundido con pertenencia, aceptación, vínculo, necesidad, posesión  e incluso con dolor y maltrato.  Lo percibimos más con un asunto de apego y claro, el apego  causa dolor porque nos convence de que si el otro debe  depender  de nosotros, hacer  lo que nosotros queremos  que haga y  darnos  lo que necesitamos. Creo que el amor va mucho más allá, tiene que ver con la aceptación de dos seres completos que conectan  desde la  necesidad de transformarse  a través  de la relación.

 

Alguna vez escuché que la mayor evolución que logramos como personas se da en las relaciones con los demás, en especial en la relación de pareja, en donde requerimos dejarnos “tocar” por el otro para encontrar la vía para tocarnos nosotros mismos. Vernos en el ojo de una pareja enamora pero también asusta; asusta ver en esos ojos parte de nosotros que no queremos ver.

 

Es increíble cómo llegan a nosotros las personas exactas para cada momento de evolución de nuestra alma. ¡Por eso da tanto miedo! ¡Porque entre más intimamos con la otra persona, más intimamos con nosotros mismos!

 

¿Tú consideras que te amas?

¿Te aceptas incondicionalmente?

¿Buscas lo mejor para ti?

¿Haces cosas que te den bienestar?

¿Te comprendes?

¿Estás abierta a reconocer tus debilidades y aspectos negativos para poder transformarlos?

 

Comenzar por amarnos conscientemente es un maravilloso comienzo para trabajar en la relación con el otro.

 

Ejercicio:

 

Te invito a que hagas una lista de lo que esperas de una pareja.

Ejemplo:   Fidelidad, que me acepte como soy, que me de mi lugar, que  sea honesta, que sea cariñoso, ser su prioridad, compañía, seguridad, protección, apapacho, diversión,  aventura, formalidad, compromiso.

 

Un vez que hayas terminado tu lista, decide con qué acciones concretas puedes comenzar tu misma a darte eso que pides de una pareja.

 

Por ejemplo, si quieres compromiso,  revisa en qué aspectos de ti misma o de la relación con los demás puedes comprometerte más;  te comparto que yo en este tema, que llama mucho mi atención porque me topé con que los hombre que atraía a mi vida no querían compromiso, decidí hacer un esfuerzo por comprometerme yo, tanto con una causa social como conmigo misma en ciertos temas a lo mejor en apariencia superficiales, pero que han ido construyendo cimientos en mi como mantener mis uñas siempre impecables.

 

Si lo que buscas en una pareja es compañía comprométete a habitarte y a no huir a comer cada vez que ocurra algo que no te guste o te altere.

 

Si buscas fidelidad, revisa tus ideales y tus valores y haz acciones que te acerquen a ellos, por ejemplo si un ideal para  ti es ser  pintora y exponer tu obra pero haz dejado de pintar porque estas muy ocupada y nunca hay tiempo para eso,  comienza a desempolvar tus lienzos y dale prioridad  a ese ideal; a lo mejor no vas a pasar todo el día pintando si tienes que ir a la oficina, pero si puedes comprometerte contigo a darte una hora a la semana para hacerlo.

 

También puedes revisar cuantas veces dejas de ser fiel a ti misma por serle fiel a tu necesidad  de serle importante a alguien más.

 

Con esto no quiero decir que entonces ya no vayamos a querer tener una pareja o que ya no necesitemos la compañía de alguien; Al contrario, este es una forma de acercarnos desde otro lugar a eso mismo, a la relación con esa persona a la que amamos o que queremos amar, pero siendo nosotros  ejemplo con el trato a nuestra persona.

 

Además  recordemos que las energías se atraen en base a vibraciones, atraemos a personas que estén vibrando en la misma sintonía que nosotros. Si comenzamos a vibrar en fidelidad, atraeremos a alguien  o que nos permita sernos fieles, o  que nos sean fieles o que nos enseñe como hacerlo. ¡Ningún encuentro carece de lección!