De Luz y de Sombra

Procuro todas las mañanas ir a caminar a uno de los pocos bosques que quedan en la Ciudad de México.  Antes me desesperaba mucho porque yo quería correr, sin embargo dado una condición médica, no puedo hacerlo así es que venciendo mi inercia de hacer las cosas rápido y confrontando una fuerte creencia que me gritaba: ¡SI NO CORRES NO SIRVE DE NADA! , comencé a encontrar  en el simple hecho de caminar un enorme placer.  Aprovecho para poner en práctica varios de los conceptos que predico y uno de ellos es el de habitarme e ir haciendo presencia durante mi caminata. Uno de los tramos que recorro, incluye una pendiente bastante pronunciada y las primeras veces que emprendí  la subida acababa sin aire, agotada y todo el trayecto iba peleándome con la incomodidad que experimentaba, sumado a el terror que ejercía mi mente sobre mi con la cantidad de barbaridades  que me decía. Hasta que un día probé ir describiendo cada cosa que le ocurría a mi cuerpo durante el proceso: Mi pierna izquierda comienza a endurecerse,  mi espalda baja se siente presionada, mi cuello esta tenso, el estómago se está apretando, mi pie derecho se siente pesado, el izquierdo comienza a sentir mucha presión, mi respiración se está agitando, el pecho se infla… ¡Y pasa algo maravilloso! ¡Mi cuerpo comienza a funcionar mejor y más relajado, es como si el hecho de sentirse acompañado, no juzgado y comprendido le inyecte fuerza! Cuando menos pienso, ya estoy hasta arriba. ¡Mi cuerpo colabora si yo colaboro!
Esto es lo mismo que invito a las participantes de mis talleres a hacer constantemente, a observarse sin juicios, solo observando lo que ya ocurre, no lo que debiera o no ocurrir.

 

Gastamos una cantidad enorme de energía intentando que las cosas que ya están ocurriendo o que ya ocurrieron sean diferentes a lo que ya son.

 

Escuchamos la mayoría frases como: “Si tan solo fueras más… inteligente, alta, guapo, simpático, emprendedor”,  “¿Por qué no eres como tu hermana?”,  “No seas tan llorona”, “Tu siempre con tus sentimentalismos”, “Esa forma tuya de ser no te va a ayudar en la vida”, “Debes ser más fuerte”, etc., etc., etc.

 

¿El mensaje? ¡Ser como eres no está bien! Esa es una de las grandes razones por las cuáles intentamos a como dé lugar cambiar. La primera opción que se nos viene y que el medio claramente refuerza es la de cambiar el exterior.  Después y si nos da la iluminación, intentamos cambiar lo de adentro.

 

Yo te invito más bien a transformar, es decir a darte cuenta de lo que hay y desde esa base, potencializarlo, aprovecharlo, minimizarlo o lo que resulte más conveniente para ti.
Cuando hay sombras en nuestra vida es porque hay una fuente de luz que al encontrarse con un objeto (llámese persona, animal o cosa) e iluminarlo desde alguno de sus lados,  causa ese efecto. Ocurre cuando la fuente de luz ilumina una parte lo cual provoca una sombra en otra de las partes

 

¿Cuál es la única situación en la que la Luz del sol no provoca sombras? Cuando está en su punto más alto y sus rayos caen derechito sobre algo o alguien. No de lado, no únicamente  iluminando una parte, si no el todo. Como cuando por ejemplo nos colocamos justo debajo de un foco.

 

¿Sabes cuando ocurre este fenómeno sobre nosotros?  Cuando nos quedamos en nuestro centro, aceptamos lo que ocurre y contactamos con esa LUZ que da la presencia, con esa paz de simplemente aceptar, cuando nos alineamos con todo lo que somos, sin que queden partes sin iluminar ni sombras que negar.  Cuando dejamos de huir, de criticar, de justificar y de juzgar.

 

Cuando eso ocurre, aun por fracciones de segundo, todo nuestro ser se ilumina y nos impregnamos de una fuerza a veces indescriptible. Son esos momentos que nos quitan el aliento, como cuando la belleza de un atardecer no necesita explicarse y solo nos regala lo que ES.
Sé que es más sencillo narrarlo que lograrlo, sin embargo te invito a que lo pruebes; en este momento que me estás leyendo haz una pausa para simplemente SER, sin pensar, sin pretender, sin moverte, solo conecta con lo que ocurre y realiza qué es lo que ocurre ahorita es lo único que puede estar ocurriendo, ya que de lo contrario no sería así. Siente la paz de no tener que sentir nada diferente a lo que estás sintiendo, ni pensar nada diferente a lo que estás siendo, ni ser nadie diferente a quien eres.

 

Inhala profundo y exhala HABITANDOTE, con todas tus luces, tus sombras, desnudándote ante la honestidad del momento, esa honestidad y de cierto modo, esa desfachatez con que la vida nos dice; ¡AQUÍ ESTOY, ESTES LISTO O NO!

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