Duele más Amar que Comer

¿Te has dicho que no mereces tener a alguien a tu lado porque estás gorda o gordo?

 

¿Estás convencido o convencida de que tus padres te hubieran amado más si hubieras sido más linda, o más delgada o más inteligente?

 

Te comparto esto que salió a la luz durante una sesión del grupo de apoyo que dirijo: “Duele más amar que comer”. Sonia estaba narrando varios episodios de su vida con la comida, cuando uno de ellos la hizo contactar con mucho dolor, y fue el hecho de recordar que  habiendo  sido seriamente  restringida por su madre a comer lo que quería porque por gorda  no lo merecía,  cuando alguien le daba algo de comer, ella sentía que la amaban. Firmemente afirmó: “Si alguien me da comida significa que me quiere” y prefiero recibir el amor de la comida que de las personas porque comer me lastima menos.

 

¡Ufffff! Se hizo un silencio en el salón y Sonia junto con las otras personas que compartían ese día la sesión comenzaron a llorar. Yo no lo hice porque estaba en papel de facilitadora, pero mi corazón se estrujó y la frase resonó en mi cabeza por varios días.

 

¡Claroooooooo! Nos hemos convencido de que si el amor llega a través de la comida, en lugar de hacerlo a través del contacto directo con la persona, se hace un “puente” que protege de sentir la vulnerabilidad que sugiere dejarnos “tocar” por el otro.

 

Amar  puede ser  el acto más “riesgoso” al que se expone el ser humano; amar con toda la conciencia implica salir de nosotros para instalarnos en un espacio que claro que nos genera riesgos, el riesgo de necesitar al otro, de dejar de vernos, de espejearnos tanto en el otro que nos asustemos, significa bajar las defensas y aceptar que la presencia del otro reviva nuestras heridas.

 

Creo que muchas veces elegimos de mil maneras no amar por el miedo al dolor,  renunciamos a tener por el gran miedo a perder.

 

Sonia prefería comerse a la comida que comerse la responsabilidad de verse afectada y afectar la vida de alguien más al atreverse a amar; sobra decir que “culpando” a los kilos de más no ha tenido una pareja estable. Su experiencia de “amar” que se creó, en base a como fue la relación con sus padres,  le hizo creer  que no era suficiente como era y esa misma premisa la ha seguido aplicando en su relación con ella misma y con los demás.

 

Creo que de manera profunda e inconsciente buscamos a como dé lugar pertenecer a los espacios conocidos creados por nuestros padres,  en donde desarrollamos nuestro sentido de identidad. Si el mensaje que recibimos es “para ser igual a ti hago yo conmigo, lo mismo que hiciste tu conmigo”.

 

Te voy a contar una historia. Decidí como reto personal y crecimiento para mi alma, trabajar con personas en situación de calle y vulnerabilidad. Conocí a una pequeña  de 12 años que a mi vista tenía una mirada inocente y a quien yo pensé podría salvarla y sacarla de esa vida tan miserable que incluía drogas, prostitución, frio, hambre, abuso, maltrato, suciedad y mucho más.  Averigüé con personas que sabían de lugares en donde la podían aceptar y me hablaron de la posibilidad de llevarla a un espacio sumamente cuidado y hermoso  en el que tendría la oportunidad de tener una vida con más oportunidades.

 

Cuando se le propuso se negó rotundamente y yo al principio lloré mucho, me enojé e incluso me alejé de ella. Hasta que me abrí a la posibilidad de entender que a ella la abandonó ahí su madre quien también era adicta y vivía en situación de calle… será que para esta pequeña, salir de esa porquería mata en ella la esperanza de que su madre la encuentre si es que regresa a buscarla?  Será que literalmente prefiere vivir embarrada de “mierda” para oler igual que su madre y que si ésta regresa la reconozca?

 

Vivir limpia en un ambiente adecuado, la aleja de lo que conoce como única posibilidad de amor. Este es un ejemplo duro pero que creo ilustra mi postulado de que somos capaces de vivir en la miseria, suciedad y dolor con tal de ser “encontrados” por nuestros padres. Y también me permite  pensar que si no conocemos algo mejor, es difícil que nos arriesguemos a buscarlo y dejar lo que tenemos.

 

El amor se nos ha confundido con pertenencia, aceptación, vínculo, necesidad, posesión  e incluso con dolor y maltrato.  Lo percibimos más con un asunto de apego y claro, el apego  causa dolor porque nos convence de que si el otro debe  depender  de nosotros, hacer  lo que nosotros queremos  que haga y  darnos  lo que necesitamos. Creo que el amor va mucho más allá, tiene que ver con la aceptación de dos seres completos que conectan  desde la  necesidad de transformarse  a través  de la relación.

 

Alguna vez escuché que la mayor evolución que logramos como personas se da en las relaciones con los demás, en especial en la relación de pareja, en donde requerimos dejarnos “tocar” por el otro para encontrar la vía para tocarnos nosotros mismos. Vernos en el ojo de una pareja enamora pero también asusta; asusta ver en esos ojos parte de nosotros que no queremos ver.

 

Es increíble cómo llegan a nosotros las personas exactas para cada momento de evolución de nuestra alma. ¡Por eso da tanto miedo! ¡Porque entre más intimamos con la otra persona, más intimamos con nosotros mismos!

 

¿Tú consideras que te amas?

¿Te aceptas incondicionalmente?

¿Buscas lo mejor para ti?

¿Haces cosas que te den bienestar?

¿Te comprendes?

¿Estás abierta a reconocer tus debilidades y aspectos negativos para poder transformarlos?

 

Comenzar por amarnos conscientemente es un maravilloso comienzo para trabajar en la relación con el otro.

 

Ejercicio:

 

Te invito a que hagas una lista de lo que esperas de una pareja.

Ejemplo:   Fidelidad, que me acepte como soy, que me de mi lugar, que  sea honesta, que sea cariñoso, ser su prioridad, compañía, seguridad, protección, apapacho, diversión,  aventura, formalidad, compromiso.

 

Un vez que hayas terminado tu lista, decide con qué acciones concretas puedes comenzar tu misma a darte eso que pides de una pareja.

 

Por ejemplo, si quieres compromiso,  revisa en qué aspectos de ti misma o de la relación con los demás puedes comprometerte más;  te comparto que yo en este tema, que llama mucho mi atención porque me topé con que los hombre que atraía a mi vida no querían compromiso, decidí hacer un esfuerzo por comprometerme yo, tanto con una causa social como conmigo misma en ciertos temas a lo mejor en apariencia superficiales, pero que han ido construyendo cimientos en mi como mantener mis uñas siempre impecables.

 

Si lo que buscas en una pareja es compañía comprométete a habitarte y a no huir a comer cada vez que ocurra algo que no te guste o te altere.

 

Si buscas fidelidad, revisa tus ideales y tus valores y haz acciones que te acerquen a ellos, por ejemplo si un ideal para  ti es ser  pintora y exponer tu obra pero haz dejado de pintar porque estas muy ocupada y nunca hay tiempo para eso,  comienza a desempolvar tus lienzos y dale prioridad  a ese ideal; a lo mejor no vas a pasar todo el día pintando si tienes que ir a la oficina, pero si puedes comprometerte contigo a darte una hora a la semana para hacerlo.

 

También puedes revisar cuantas veces dejas de ser fiel a ti misma por serle fiel a tu necesidad  de serle importante a alguien más.

 

Con esto no quiero decir que entonces ya no vayamos a querer tener una pareja o que ya no necesitemos la compañía de alguien; Al contrario, este es una forma de acercarnos desde otro lugar a eso mismo, a la relación con esa persona a la que amamos o que queremos amar, pero siendo nosotros  ejemplo con el trato a nuestra persona.

 

Además  recordemos que las energías se atraen en base a vibraciones, atraemos a personas que estén vibrando en la misma sintonía que nosotros. Si comenzamos a vibrar en fidelidad, atraeremos a alguien  o que nos permita sernos fieles, o  que nos sean fieles o que nos enseñe como hacerlo. ¡Ningún encuentro carece de lección!

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